La primera expedición en invernar en la Antártida
Carsten Borchgrevink fue el primero en desembarcar en el continente antártico (1895, en Cape Adare) y el primero en organizar una expedición para quedarse. El Southern Cross zarpó de Londres en 1898 con diez hombres y 90 perros de trineo a bordo. El Samoyed Club of America, que documenta la historia de la raza, precisa: eran «90 dogs which were Greenland dogs and some Samoyeds» —perros de Groenlandia y algunos Samoyedos—. No era una expedición de Samoyedos puros; era un equipo mixto con representación de la raza.
Los diez hombres invernaron en Cape Adare. El 14 de octubre de 1899 murió el zoólogo Nicolai Hanson, convirtiéndose en la primera persona enterrada en el continente antártico. El regreso se completó en 1900. El mismo Borchgrevink dejó escrito que los perros habían sido indispensables no solo para el transporte, sino para la supervivencia del campamento: cuando las temperaturas bajaban a extremos que hacían inhabitable cualquier tienda, los perros dormían junto a los hombres y les prestaban calor corporal.
La física del perro como calefactor
No es una metáfora. El principio físico es el que Scholander documentó en 1950 para los mamíferos árticos: la retención de calor en entornos de frío extremo depende de superficies de contacto. Un cuerpo con más superficie de contacto pierde más calor. Un perro grande que se acuesta sobre un humano es una manta biológica que aporta entre 38 y 39 °C de forma continua. Los Nenets —el pueblo que crió a los Samoyedos durante milenios— sabían esto con precisión empírica: las noches en que las temperaturas caían más eran las noches en que el perro dormía más cerca.
El detalle que se pierde en la anécdota es que los perros no 'eligieron' proteger a los humanos: estaban haciendo lo que su genética los preparó para hacer durante miles de años. Los Samoyedos habían sido seleccionados específicamente por los Nenets para vivir dentro de la tienda, no afuera. Llevar eso al ambiente antártico no fue un acto de heroísmo canino: fue un instinto de coexistencia perfectamente conservado.
El linaje que fundaron en Nueva Zelanda
Los perros que sobrevivieron a la expedición —incluidos los Samoyedos— fueron cuarentenados en Nueva Zelanda al regresar. Algunos de esos perros entraron en programas de cría y sus descendientes fundaron la línea del Samoyedo del hemisferio sur, que existe hasta hoy en Argentina, Chile, Brasil y Australia. El Samoyed Club of America confirma que parte del linaje moderno en el hemisferio sur puede rastrearse hasta esos perros de expedición.
Si tienes un Samoyedo en Chile, existe la posibilidad real —no solo poética— de que en su pedigree figure un ancestro que pisó la Antártida. No es folklore: es genealogía. Conocer de dónde viene un perro también es parte de conocerlo.